Si existe un poeta del siglo XX en el que vida y obra se hermanan sin impostura, éste es Miguel Hernández. Su afición a la lectura, su gusto por los clásicos y la poesía transformaron su contacto con la naturaleza en una fuente inagotable de inspiración, que alimentó sus versos.
La evolución de su obra se divide en cuatro etapas: tras sus primeras composiciones gongorianas y puristas...










