En medio de la bruma del amanecer, un primero de noviembre de los años cincuenta, en Marsalia, un pueblo plagado por la violencia, Argemiro Aguilar yace en un andén con su ropa dominguera del día anterior y el sombrero echado sobre el rostro. Fue recostado allí por los «pájaros», cuadrillasarmadas que asolaban a la población y la despojaban de sus tierras, aptas para el cultivo del café...











